sábado, 6 de junio de 2020

Off line

por Claudia Sofia De la Peña Ortiz



La enfermedad es el lado nocturno de la vida,
una ciudadanía más cara.
Susan Sontag



Obsesiva y cíclica. Es la visión primigenia en toda enfermedad pese a la réplica constante de la innovación. A los ensayos exhaustivos que se hacen por cesar dicha blasfemia, pues en una época en la que los recursos tecnológicos han contribuido a un sinfín de avances es imperdonable el desconcierto. Nuestros profesionales transitan con facilidad al plano de la herejía y es entonces cuando en los periódicos predominan encabezados referentes al sentido primitivo que procura a la propia integridad. El miedo.

[…] los trabajadores de la salud están bajo ataque […], […] la acusaron de “traer el virus", aumento de agresiones en México contra personal […] , Contusiones y un dedo roto por llevar uniforme son algunos de los títulos que se me han presentado al teclear el concepto que ahora se anexa al bagaje del tabú. COVID. Término que a la par posee un estigma implícito por significado, al conceder una imagen  distorsionada por la desinformación imperante y las fake news. Punto en el cual preciso hacer hincapié.

Durante las últimas semanas he visto cómo la veracidad oscila entre una cadena anónima y 60 minutos bien planificados. Entre el producto sensacionalista que el eufemismo vende y distribuye sin remordimiento y el usuario que se siente deludido; pero contribuye a su consumo leyendo únicamente el titular. Sin embargo, ninguno de estos aspectos discrepa tanto como las medidas de prevención promulgadas y  la realidad social para la cual se destinan, pues la generalización en la que se fundan excluye a quienes no representan un individuo para el sistema.

Vendedores ambulantes, empleadas domésticas, indigentes, migrantes, población de escasos recursos son algunos de los omitidos. De las prioridades minoritarias para los planes de control que solo abogan por quienes pueden financiarlos. Tal y como lo argumenta la periodista Viridiana Ríos en su nota Los cambios que demanda el coronavirus en México, al sostener, y con justa razón,  que nos enfrentamos a una enfermedad desigual y desigualizante. Al acto que descompensa transgrediendo las esferas constitutivas de lo habitual.

Aunado a lo anterior una de las “estrategias” que se implementaron, y he observado con cercanía gracias a mi posición de estudiante, es la ya acreditada educación virtual. Con el transcurso del ciclo y la prolongación de la cuarentena, encontré diversas opiniones sobre esta elección en redes sociales por parte de la comunidad estudiantil. Compañeros de carreras de Enfermería, Psicología, Químicas, Derecho e Ingeniería exteriorizaron las tensiones derivadas de la nueva modalidad puesto que esta se experimenta más como una técnica acumulativa que educativa.

La necesidad de exhibir su eficacia no es solo demandante; sino también insuficiente porque los elementos que construyen el saber se encuentran en su capacidad ínfima. Se refugian en un medio aislado respecto a los componentes que intervienen en el proceso de enseñanza-aprendizaje. No hay catedrático. No hay estudiante. Solo un estado activo en el cual se simula sobrellevando el obstáculo con la exigencia de papeleo, porque la educación, continúa asentada en un enfoque puramente administrativo. No afecta la deficiencia si existe una certificación que alegue lo contrario. 

De ahí que la posibilidad de adaptar un programa a las auténticas necesidades sea casi nula. Retornamos a la problemática de la generalización antes mencionada; pero esta vez en el ámbito escolar. Asimismo emergen sus minorías. Los que no poseen los servicios “básicos” que condicionan el ser universitario. Que dotan de privilegio a la formación tornándola selectiva. Paridad que me remite a un factor conexo a la negligencia expuesta por la pandemia, pues el sector salud no fue el único al cual se causó detrimento.

La ejecución de las clases en línea me hizo cuestionarme si este tipo de método tenía el mismo defecto previo a la contingencia porque, de haberse contemplado, no sería lo que actualmente pretende objetar. El modelo maneja plataformas en las cuales las herramientas que corresponden a la recepción de actividades y difusión de contenido son sencillas en su uso; no obstante, hay que cavilar que, pese a sus múltiples funciones, estas no fueron planificadas para la didáctica.. De hecho al investigar del tema encontré que esta modalidad   “[…] no fue diseñada por las instituciones educativas; sus principales promotores han sido las empresas de bienes y servicios […]” (Héctor Barrón, s.f., p.2).

En palabras concisas no es un programa pertinente para el estudio. Sus propósitos no están pensados en el educando; sino en la adquisición masiva del conocimiento que este debe poseer, finalidad que conduce a la transgresión de los límites entre el espacio escolar y el personal, generando un sentir repetitivo y desgastante en el cual no es factible el descanso. Como aludí al inicio se trata de una visión cíclica y obsesiva. Peor aún desmotivante porque diluye el verdadero sentido de la enseñanza suscitando la procrastinación.

Al ser consciente de ello me pregunto ¿qué habrá más allá? Me refiero en el  lado docente ¿cómo se experimenta esta situación? En casa dos integrantes de mi familia se desempeñan como educadores. Uno en sector privado y otro en público. El primero me comentó que no ha percibido ninguna dificultad ya que la institución, además de brindarle los recursos necesarios para desarrollar sus clases (material, licencias para plataformas limitadas, etcétera), creó un portal en el que los integrantes del colegio (tutores, catedráticos, directivos) tienen acceso a planeaciones y demás medios didácticos con el fin de verificar la respuesta del alumnado.

Sin embargo, este panorama también dispone su contraparte. Atención personalizada fuera del horario de servicio, actividad laboral en Semana Santa, e incluso, asistencia presencial en las instalaciones de la escuela son algunos de los “deberes” que se añaden a su cometido. El tiempo profesional no respeta confinamientos, días inhábiles ni asuntos personales. Debe procurarse cada punto, resolverse, y a todo costo, evidenciarse en la forma más palpable puesto que la funcionalidad del mecanismo pende de su exposición.

En la segunda óptica se me compartió un énfasis mayormente orientado a las interacciones, debido a que los planes para los estudiantes se situaron desde este contexto y el adecuarlos, advirtiendo el desafío que representa para la comunidad acceder a servicios,  la ausencia de infraestructura y de capacitación de los docentes para aplicar sus labores mediante técnicas virtuales, es un reto significativo. Circunstancia que aumenta la angustia a pesar de obtener un resultado, deficiente; pero satisfactorio según las expectativas de esta modalidad.

Es ostensible que de ambos ángulos yace un desequilibrio notorio ya sea desde la organización o desde la escasez, e independientemente del remedio que figuran dichas medidas para el escenario, aún se carece de instrumentos que ayuden a promover una genuina transformación para solucionar la contrariedad.  Relativo a esto un compañero mío me aportó otro criterio valioso. El afrontamiento de una estrategia que instituye un programa único, donde se unifica a las diversas asignaturas de una variedad de profesiones.

Ejemplo de ello es la distancia abismal entre una licenciatura como la mía, en la cual puedo ejecutar mis actividades sin requerir de un componente tan específico y lamentablemente inviable como la presencia, y otra relacionada al campo de la salud. Medicina, odontología, enfermería, química, son ramas en las cuales sus soportes radican en las prácticas de campo o laboratorio; pero con lo que acontece, ¿cómo se resarcirá la pérdida de conocimientos si las condiciones siguen en una coyuntura  desfavorable y el ciberespacio no solventa tal privación?

Prueba de este traslado ilusorio a la práctica y falta de efectividad se presentó también en un curso que inicié a finales de marzo y concluí a inicios de abril para solventar la descompensación que obtuvo mi materia de Didáctica de la literatura. El temario se constituyó por cuatro apartados: orientación del aprendizaje, métodos y procedimientos, evaluación y categorías didácticas. Cada uno, a su vez, se segmentó en 12 tópicos. Tuve la libertad de distribuir e intercalar tareas, exámenes y contenido dentro del tiempo programado sin desestabilizar los quehaceres del semestre.

No obstante, esto me permitió observar una serie de fallos a lo largo de su duración. En los módulos algunos contenidos presentaban incongruencias al poner evaluaciónes antes de profundizar en los conceptos. Cabe aclarar que no se trataba de pruebas diagnósticas donde esta clase de planifcación está justificada. Asimismo la redacción de las instrucciones fueron ambiguas. Algunos ejercicios me generaron confusión al momento de realizarlos, y cuando traté de resolver mis dudas comunicándome con mi facilitadora, no conseguí contestación. Actitud que no fue intencionada puesto que la platafoma necesitó mantenimiento desde el comienzo del curso y solo se otorgó una vez concluido.

Testimonios, notas periodísticas, mi propia experiencia. Son solo una pequeña reiteración de los daños colaterales que ocasiona, no una enfermedad; sino su olvido. COVID,  once años antes, A H1N1, y once años después, ¿qué? ¿Cuántas veces vendrá para priorizar lo que nunca ha sido priorizado? Quizá en el oncenio alguien vuelva a cuestionarse lo que ahora me cuestiono porque, en el mismo error, no se pierde la vigencia. Eso sí, los intereses son más altos. En la posteridad, ¿quién asegura que ellos, tú o yo podamos financiarlo nuevamente?

[...] A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos. Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar. (Sontag, 1996, p.7)
          


Referencias
Ø  Almudena Barragán, Darinka Rodríguez. (14 de abril del 2020). “Me gritaron ‘traes el Covid’ y me escupieron”, las enfermeras en México sufren ataques por miedo al contagio. (14/05/2020). En verne.elpais.com recuperado de: https://verne.elpais.com/verne/2020/04/13/mexico/1586810735_002679.html
Ø  El universal. (9 de abril del 2020). Nueva agresión a enfermero: le tiran cloro. (14/05/2020). En yucatan.com.mx recuperado de: https://www.yucatan.com.mx/mexico/nueva-agresion-a-un-enfermero-le-tiran-cloro
Ø  Héctor S. Barrón. (s.f.). Seis problemas de los sistemas universitarios de educación en Línea. (14/05/2020). En um.es recuperado de: https://www.um.es/ead/red/12/barron.pdf
Ø  Kirk Semple. (28 de abril del 2020). ‘Miedo de ser enfermera’: Los trabajadores de la salud están bajo ataque. (14/05/2020). En nytimes.com recuperado de: https://www.nytimes.com/es/2020/04/28/espanol/mundo/ataques-enfermeras-medicos-virus.html
Ø  Sontag, Susan, La enfermedad y sus metáforas El sida y sus metáforas, Titivillus, España, 2016.
Ø  Viridiana Ríos. (18 de mayo del 2020). Los cambios que demanda el coronavirus en México. (14/05/2020). En elpais.com recuperado de: https://elpais.com/opinion/2020-05-18/los-cambios-que-demanda-el-coronavirus-en-mexico.html




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