La enfermedad es el lado nocturno de la vida,
una ciudadanía más cara.
Susan Sontag
Obsesiva
y cíclica. Es la visión primigenia en toda enfermedad pese a la réplica
constante de la innovación. A los ensayos exhaustivos que se hacen por cesar dicha
blasfemia, pues en una época en la que los recursos tecnológicos han
contribuido a un sinfín de avances es imperdonable el desconcierto. Nuestros
profesionales transitan con facilidad al plano de la herejía y es
entonces cuando en los periódicos predominan encabezados referentes al sentido
primitivo que procura a la propia integridad. El miedo.
[…] los trabajadores de la salud
están bajo ataque […], […] la acusaron de “traer el virus",
aumento de agresiones en México contra personal […] , Contusiones y un
dedo roto por llevar uniforme
son
algunos de los títulos que se me han presentado al teclear el concepto que
ahora se anexa al bagaje del tabú. COVID. Término que a la par posee un
estigma implícito por significado, al conceder una imagen distorsionada por la desinformación imperante
y las fake news. Punto en el cual preciso hacer hincapié.
Durante las últimas semanas he visto
cómo la veracidad oscila entre una cadena anónima y 60 minutos bien planificados.
Entre el producto sensacionalista que el eufemismo vende y distribuye sin
remordimiento y el usuario que se siente deludido; pero contribuye a su consumo
leyendo únicamente el titular. Sin embargo, ninguno de estos aspectos discrepa
tanto como las medidas de prevención promulgadas y la realidad social para la cual se destinan,
pues la generalización en la que se fundan excluye a quienes no representan un
individuo para el sistema.
Vendedores ambulantes, empleadas
domésticas, indigentes, migrantes, población de escasos recursos son algunos de
los omitidos. De las prioridades minoritarias para los planes de control que
solo abogan por quienes pueden financiarlos. Tal y como lo argumenta la
periodista Viridiana Ríos en su nota Los cambios que demanda el coronavirus
en México, al sostener, y con justa razón, que nos enfrentamos a una enfermedad desigual
y desigualizante. Al acto que descompensa transgrediendo las esferas
constitutivas de lo habitual.
Aunado a lo anterior una de las
“estrategias” que se implementaron, y he observado con cercanía gracias a mi posición
de estudiante, es la ya acreditada educación virtual. Con el transcurso
del ciclo y la prolongación de la cuarentena, encontré diversas opiniones sobre
esta elección en redes sociales por parte de la comunidad estudiantil. Compañeros
de carreras de Enfermería, Psicología, Químicas, Derecho e Ingeniería exteriorizaron
las tensiones derivadas de la nueva modalidad puesto que esta se experimenta más
como una técnica acumulativa que educativa.
La necesidad de exhibir su eficacia
no es solo demandante; sino también insuficiente porque los elementos que
construyen el saber se encuentran en su capacidad ínfima. Se refugian en un medio
aislado respecto a los componentes que intervienen en el proceso de
enseñanza-aprendizaje. No hay catedrático. No hay estudiante. Solo un estado
activo en el cual se simula sobrellevando el obstáculo con la exigencia de papeleo,
porque la educación, continúa asentada en un enfoque puramente administrativo.
No afecta la deficiencia si existe una certificación que alegue lo
contrario.
De ahí que la posibilidad de adaptar
un programa a las auténticas necesidades sea casi nula. Retornamos a la
problemática de la generalización antes mencionada; pero esta vez en el ámbito
escolar. Asimismo emergen sus minorías. Los que no poseen los servicios
“básicos” que condicionan el ser universitario. Que dotan de privilegio a la formación
tornándola selectiva. Paridad que me remite a un factor conexo a la negligencia
expuesta por la pandemia, pues el sector salud no fue el único al cual se causó
detrimento.
La ejecución de las clases en línea
me hizo cuestionarme si este tipo de método tenía el mismo defecto previo a la
contingencia porque, de haberse contemplado, no sería lo que actualmente
pretende objetar. El modelo maneja plataformas en las cuales las herramientas
que corresponden a la recepción de actividades y difusión de contenido son
sencillas en su uso; no obstante, hay que cavilar que, pese a sus múltiples
funciones, estas no fueron planificadas para la didáctica.. De hecho al investigar
del tema encontré que esta modalidad “[…] no fue diseñada por las instituciones
educativas; sus principales promotores han sido las empresas de bienes y
servicios […]” (Héctor Barrón, s.f., p.2).
En
palabras concisas no es un programa pertinente para el estudio. Sus propósitos
no están pensados en el educando; sino en la adquisición masiva del
conocimiento que este debe poseer, finalidad que conduce a la transgresión de
los límites entre el espacio escolar y el personal, generando un sentir
repetitivo y desgastante en el cual no es factible el descanso. Como aludí al
inicio se trata de una visión cíclica y obsesiva. Peor aún desmotivante porque
diluye el verdadero sentido de la enseñanza suscitando la procrastinación.
Al ser
consciente de ello me pregunto ¿qué habrá más allá? Me refiero en el lado docente ¿cómo se experimenta esta
situación? En casa dos integrantes de mi familia se desempeñan como educadores.
Uno en sector privado y otro en público. El primero me comentó que no ha percibido
ninguna dificultad ya que la institución, además de brindarle los recursos necesarios
para desarrollar sus clases (material, licencias para plataformas limitadas,
etcétera), creó un portal en el que los integrantes del colegio (tutores,
catedráticos, directivos) tienen acceso a planeaciones y demás medios
didácticos con el fin de verificar la respuesta del alumnado.
Sin embargo,
este panorama también dispone su contraparte. Atención personalizada fuera del
horario de servicio, actividad laboral en Semana Santa, e incluso, asistencia
presencial en las instalaciones de la escuela son algunos de los “deberes” que se
añaden a su cometido. El tiempo profesional no respeta confinamientos, días inhábiles
ni asuntos personales. Debe procurarse cada punto, resolverse, y a todo costo,
evidenciarse en la forma más palpable puesto que la funcionalidad del mecanismo
pende de su exposición.
En la segunda
óptica se me compartió un énfasis mayormente orientado a las interacciones,
debido a que los planes para los estudiantes se situaron desde este contexto y
el adecuarlos, advirtiendo el desafío que representa para la comunidad acceder
a servicios, la ausencia de
infraestructura y de capacitación de los docentes para aplicar sus labores
mediante técnicas virtuales, es un reto significativo. Circunstancia que
aumenta la angustia a pesar de obtener un resultado, deficiente; pero satisfactorio
según las expectativas de esta modalidad.
Es ostensible
que de ambos ángulos yace un desequilibrio notorio ya sea desde la organización
o desde la escasez, e independientemente del remedio que figuran dichas medidas
para el escenario, aún se carece de instrumentos que ayuden a promover una
genuina transformación para solucionar la contrariedad. Relativo a esto un compañero mío me aportó otro
criterio valioso. El afrontamiento de una estrategia que instituye un programa
único, donde se unifica a las diversas asignaturas de una variedad de profesiones.
Ejemplo de
ello es la distancia abismal entre una licenciatura como la mía, en la cual puedo
ejecutar mis actividades sin requerir de un componente tan específico y lamentablemente
inviable como la presencia, y otra relacionada al campo de la salud. Medicina,
odontología, enfermería, química, son ramas en las cuales sus soportes radican en
las prácticas de campo o laboratorio; pero con lo que acontece, ¿cómo se resarcirá
la pérdida de conocimientos si las condiciones siguen en una coyuntura desfavorable y el ciberespacio no solventa
tal privación?
Prueba de este
traslado ilusorio a la práctica y falta de efectividad se presentó también en
un curso que inicié a finales de marzo y concluí a inicios de abril para
solventar la descompensación que obtuvo mi materia de Didáctica de la
literatura. El temario se constituyó por cuatro apartados: orientación del
aprendizaje, métodos y procedimientos, evaluación y categorías didácticas. Cada
uno, a su vez, se segmentó en 12 tópicos. Tuve la libertad de distribuir e
intercalar tareas, exámenes y contenido dentro del tiempo programado sin
desestabilizar los quehaceres del semestre.
No obstante,
esto me permitió observar una serie de fallos a lo largo de su duración. En los
módulos algunos contenidos presentaban incongruencias al poner evaluaciónes
antes de profundizar en los conceptos. Cabe aclarar que no se trataba de
pruebas diagnósticas donde esta clase de planifcación está justificada.
Asimismo la redacción de las instrucciones fueron ambiguas. Algunos ejercicios
me generaron confusión al momento de realizarlos, y cuando traté de resolver
mis dudas comunicándome con mi facilitadora, no conseguí contestación. Actitud
que no fue intencionada puesto que la platafoma necesitó mantenimiento desde el
comienzo del curso y solo se otorgó una vez concluido.
Testimonios,
notas periodísticas, mi propia experiencia. Son solo una pequeña reiteración de
los daños colaterales que ocasiona, no una enfermedad; sino su olvido. COVID, once años antes, A H1N1, y once años después,
¿qué? ¿Cuántas veces vendrá para priorizar lo que nunca ha sido priorizado?
Quizá en el oncenio alguien vuelva a cuestionarse lo que ahora me cuestiono
porque, en el mismo error, no se pierde la vigencia. Eso sí, los intereses son
más altos. En la posteridad, ¿quién asegura que ellos, tú o yo podamos
financiarlo nuevamente?
[...] A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos. Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar. (Sontag, 1996, p.7)
Referencias
Ø
Almudena Barragán, Darinka Rodríguez. (14 de
abril del 2020). “Me gritaron ‘traes el Covid’ y me escupieron”, las enfermeras
en México sufren ataques por miedo al contagio. (14/05/2020). En
verne.elpais.com recuperado de: https://verne.elpais.com/verne/2020/04/13/mexico/1586810735_002679.html
Ø El
universal. (9 de abril del 2020). Nueva agresión a enfermero: le tiran cloro.
(14/05/2020). En yucatan.com.mx recuperado de: https://www.yucatan.com.mx/mexico/nueva-agresion-a-un-enfermero-le-tiran-cloro
Ø Héctor
S. Barrón. (s.f.). Seis problemas de los sistemas universitarios de educación
en Línea. (14/05/2020). En um.es recuperado de: https://www.um.es/ead/red/12/barron.pdf
Ø Kirk
Semple. (28 de abril del 2020). ‘Miedo de ser enfermera’: Los trabajadores de
la salud están bajo ataque. (14/05/2020). En nytimes.com recuperado de: https://www.nytimes.com/es/2020/04/28/espanol/mundo/ataques-enfermeras-medicos-virus.html
Ø Sontag,
Susan, La enfermedad y sus metáforas El sida y sus metáforas, Titivillus, España,
2016.
Ø Viridiana
Ríos. (18 de mayo del 2020). Los cambios que demanda el coronavirus en México.
(14/05/2020). En elpais.com recuperado de: https://elpais.com/opinion/2020-05-18/los-cambios-que-demanda-el-coronavirus-en-mexico.html
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